El estado de la construcción representa la condición física y funcional del inmueble al momento de la inspección. Su evaluación considera el grado de conservación de los elementos estructurales y arquitectónicos, la calidad del mantenimiento recibido, el nivel de desgaste por el uso y el funcionamiento de sus instalaciones. Este criterio constituye uno de los principales factores para determinar la depreciación física y el valor actual de la edificación.
Las categorías se definen de la siguiente manera:
Excelente (Nueva sin usar):
Construcción recientemente concluida que no ha sido ocupada ni utilizada. Todos sus elementos estructurales, arquitectónicos y de instalaciones se encuentran en estado óptimo, sin deterioro, desgaste o defectos visibles. Cumple íntegramente con las condiciones originales de diseño y ejecución.
Muy buena (Nueva en uso):
Construcción de reciente edificación que ha sido utilizada por un corto período. Presenta un estado de conservación sobresaliente, con desgaste prácticamente imperceptible debido al uso normal. No requiere reparaciones y todos sus sistemas funcionan correctamente.
Buena (En uso con buen mantenimiento):
Edificación con varios años de uso que ha recibido mantenimiento preventivo y correctivo de manera oportuna. Presenta un desgaste normal acorde a su antigüedad, sin afectar su funcionalidad, seguridad o apariencia general. No requiere intervenciones importantes para continuar en servicio.
Normal (Señales de desgaste, pero buen funcionamiento):
Construcción que evidencia un desgaste moderado producto del paso del tiempo y del uso continuo. Puede presentar fisuras menores, desgaste de acabados, pintura deteriorada o instalaciones con antigüedad, aunque mantiene condiciones adecuadas de habitabilidad, seguridad y funcionamiento. Requiere mantenimiento o reparaciones menores.
Regular (Señales de desgaste y funcionamiento regular):
Edificación con deterioro visible en varios de sus componentes. Presenta deficiencias en acabados, instalaciones o elementos constructivos que afectan parcialmente su funcionalidad. Aunque continúa siendo habitable, requiere reparaciones de importancia para recuperar un nivel adecuado de conservación y prolongar su vida útil.
Malo (Con problemas estructurales o funcionales importantes):
Construcción con deterioro significativo que puede incluir daños estructurales, asentamientos, humedad severa, instalaciones obsoletas o fallas constructivas relevantes. Su funcionamiento es deficiente y requiere una rehabilitación integral para garantizar condiciones adecuadas de seguridad y uso.
Muy malo (No habitable):
Edificación que ha perdido sus condiciones mínimas de habitabilidad debido al avanzado estado de deterioro. Presenta daños severos en elementos estructurales, arquitectónicos y de instalaciones que impiden su utilización segura. Su recuperación generalmente demanda una inversión muy elevada.
Demolición (Recuperación parcial de materiales):
Construcción cuyo deterioro hace técnicamente o económicamente inviable su rehabilitación. Se recomienda su demolición, pudiendo recuperarse algunos materiales o elementos constructivos con valor residual, tales como estructuras metálicas, carpinterías, cubiertas o materiales reutilizables.
Irrecuperable (Sin valor de recuperación):
Construcción completamente deteriorada o colapsada, sin posibilidad técnica o económica de rehabilitación y sin materiales aprovechables. El valor de la edificación se considera nulo, manteniéndose únicamente el valor correspondiente al terreno.