El tipo de vecindario corresponde al nivel de desarrollo urbano y consolidación del entorno donde se ubica el inmueble. Su evaluación considera la ocupación de los terrenos vecinos, la existencia de infraestructura vial, la disponibilidad de servicios básicos, el equipamiento urbano y el grado de desarrollo del sector. Este criterio permite identificar las condiciones del entorno que influyen en el valor comercial del inmueble.
Las categorías se definen de la siguiente manera:
Sin urbanizar:
Corresponde a terrenos ubicados en áreas rústicas o rurales que no cuentan con un proceso formal de urbanización. Generalmente presentan ausencia de calles y avenidas definidas, infraestructura básica limitada o inexistente y acceso únicamente mediante caminos vecinales, carreteras o vías no pavimentadas. Los servicios básicos son escasos o no están disponibles y el desarrollo urbano es prácticamente nulo.
Urbano sin consolidar:
Comprende terrenos ubicados dentro de una urbanización legalmente establecida, pero con muy baja ocupación. La mayor parte de los lotes permanecen baldíos y existen pocas edificaciones en el entorno inmediato. Aunque pueden existir calles trazadas y parte de la infraestructura urbana, la demanda y el desarrollo del sector aún son reducidos.
Urbano en consolidación:
Corresponde a sectores donde el proceso de urbanización presenta un desarrollo intermedio. El entorno cuenta con una combinación de edificaciones y terrenos vacíos; aproximadamente entre el 20 % y el 40 % de los lotes del manzano permanecen sin construir. La infraestructura urbana y los servicios básicos se encuentran en expansión y el sector evidencia un crecimiento progresivo tanto residencial como comercial.
Urbano consolidado:
Se refiere a sectores completamente desarrollados, donde la totalidad o casi la totalidad de los terrenos del manzano se encuentran edificados. El vecindario dispone de infraestructura urbana completa, calles y avenidas definidas, servicios básicos plenamente operativos, equipamientos urbanos, transporte público y una actividad residencial, comercial o de servicios consolidada. Estos sectores presentan un mercado inmobiliario estable y una mayor demanda.